Entré en la armería con media sonrisa en el rostro y un pequeño cuchillo en el bolsillo de la chaqueta. Me había aseado concienzudamente, prestando especial atención al brillo de mi pelo y, sobre todo, de mis zapatos; cuando voy a hacer algo importante, quiero que todo sea perfecto. Tanto es así, que a veces incluso lo planifico con varios meses de antelación. Jamás me permito utilizar palabras malsonantes contra mis víctimas, ni mirarlas fijamente con el objetivo de intimidarlas; eso me convertiría en un cualquiera. Es por eso que siempre empiezo la conversación con un apropiado "disculpe que le moleste" y, de la misma forma, nunca me marcho sin antes disculparme por las molestias ocasionadas. Todo muy correcto, como ha de ser. No hay nada que odie más que causar una mala impresión en las personas a las que voy a quitar la vida.
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1 comentarios:
Que cuidadoso, el amigo. Que Glamour, jaja! Está chuli ;)
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